¿Qué tiene de bueno y malo una inflación baja en nuestra economía?

En esta época de crisis económica, la bajada de los precios puede suponer un pequeño respiro ya que algunas apenas llegan a fin de mes. Desde 1961, el mes de frebrero del 2014 ha supuesto el porcentaje más bajo de IPC. Aunque esta inflación baja suponga aspectos postivos como una posible recuperación del poder adqusitivo, también puede ser un freno al proceso de desendeudamiento en el que está embarcada España y a la recuperación económica. Por lo tanto, una inflación baja puede ser beneficiosa para los consumidores cuando existe una situación transitoria, consecuencia de un ajuste.

Aspectos positivos de una baja inflación

Pero no todo el panorama es tan negro. La caída de los precios tiene aspectos positivos:

  • Trae consigo un descenso de los tipos de interés que genera, a su vez, una bajada del euríbor. De ello se pueden beneficiar los millones de españoles que están pagando una hipoteca y que ven cómo las cuotas mensuales descienden. Esto alivia, en parte, a las economías domésticas y podría servir para incentivar relativamente el consumo, si no fuera por la cautela con la que ahora viven los ciudadanos.
  • También se ven favorecidos por la bajada de los precios los ahorradores, que ahora cuentan con capital para poder gastar. Su dinero ahora “vale más”, porque pueden comprar más productos o de mejor calidad. Sobre todo pueden beneficiarse si quieren adquirir bienes en determinados sectores como el inmobiliario.
  • En una situación similar, se encuentran quienes cuentan con un trabajo fijo, ya que disponen de un sueldo todos los meses -ya sea alto o bajo-, y pueden adquirir los productos más baratos. Al contrario les ocurre al resto de los trabajadores, a quienes quizá les gustaría comprar tras la caída de los precios, pero saben que pueden perder su empleo y tienen que dejar el consumo para más adelante, cuando la situación mejore.

La bajada de los precios, por tanto, puede ser muy beneficiosa para los consumidores, siempre que se trate de una situación transitoria y pasajera fruto de un ajuste.

El peligro de la deflación

La deflación, una caída persistente y general de los precios, puede parecer algo positivo -la idea de poder comprar más con el mismo dinero siempre es atrayente-, pero es uno de los grandes miedos a los que se enfrentan las economías endeudadas, y España lo es. La deuda de nuestro país supera el 276% del PIB, y de continuar la bajada, podría seguir engordando. Y el paro, la falta de consumo y el exceso de deuda unidos pueden llevar a la deflación.

Las consecuencias de la deflación para los trabajadores, las empresas y la economía en general serían nefastas:

  • La espiral comienza con la bajada continuada y persistente de los precios. Esto crea unas perspectivas en los consumidores, que piensan que los costes de los productos pueden seguir disminuyendo y, por tanto, prefieren esperar y gastar después su dinero, por lo que no consumen.
  • Como no hay consumo, los productos creados por las empresas no se venden. Esto es muy negativo para la industria de un país, porque la paralización de la demanda hace que, de nuevo, tengan que bajarse los precios para estimular la compra.
  • Llegado este momento, la empresa ve reducidos sus beneficios y tiene que disminuir el número de productos que hacía. Esto afecta, además, a las plantillas de los trabajadores. Se necesitan menos para producir, por lo que muchos son despedidos.

Para evitar esta situación, no hay demasiadas opciones de maniobra, aunque algunos expertos apuntan al aumento de la inversión y el gasto público, sobre todo en la actual coyuntura de desempleo, incertidumbre y paralización de la demanda.

 

El efecto de una inflación baja será beneficiosa para los consumidores cuando responde a un ajuste natural ya que, genera mayor liquidez y aumenta así el consumo estimulando la demanda. También puede ser beneficiosa para las empresas abaratando sus costes de producción. Pero, al tener unas cifras de desempleo altas, no ha habido un efecto tan positivo ya que el consumo se ha retraído por parte de las familias que han perdido sus puestos de trabajos y por las que viven bajo una amenaza de un futuro laboral incierto. Esta bajada de precios puede desencadenar en una situación mediocre a largo plazo y no mejorarla creando así deflación y con una probabilidad mayor de riesgos deflacionarios.

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