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Mismo alimento, diferente proporción

 

 

En casa intentamos todo lo que podemos mantener una alimentación variada, aunque muchas veces sea más complicado de lo que nos gustaría. Para aquellos que intentan racionar ciertos alimentos por su alto contenido en grasas o en azúcares, tienen que tener en cuenta que muchos alimentos “no son lo que parecen”. Aquí te dejamos unos ejemplos entre alimentos que parecen muy similares, con los mismos componentes pero que en realidad, no es así. ¡Que no nos engañen!

La Pirámide de la Alimentación Saludable, el icono gráfico más reconocido que sugiere un modo -en cantidad y frecuencia de consumo- de alimentación sana, recoge en su vértice los alimentos, que por su particular composición, son superfluos e innecesarios en el contexto de una dieta diaria. Este grupo lo conforman alimentos distintos en su origen y elaboración, pero con nexos nutricionales en común: son muy azucarados y/o muy grasos.

En él se incluye todo tipo de productos dulces y similares o equivalentes (bollería, repostería, refrescos, chocolates, golosinas, incluso ciertos cereales de desayuno), snacks dulces y salados, salsas y cremas grasas (mantequilla, margarina, mayonesa), embutidos y productos de charcutería grasos, etc. La duda para muchos consumidores radica en otros alimentos que, aunque parecen equivalentes a los productos más básicos de su mismo grupo, tienen una composición nutritiva diferente. Una composición que, en algunos casos, cabe tener en cuenta para no distorsionar la calidad de la dieta.

  • Panes de molde. Los ingredientes del pan del día son harina, agua, levadura y sal. Los panes de molde en general, para que resulten tan jugosos y se conserven sin endurecerse y sin enmohecerse durante días o incluso semanas, llevan otros ingredientes además de los básicos. Entre ellos se incluyen azúcares, aceites vegetales y vinagre, además de diversos aditivos emulsionantes, conservantes y correctores de acidez.
  • Mermeladas. Entre unas marcas y otras puede haber diferencia de hasta un 20% en contenido de azúcares añadidos. Una mayor adición de azúcares va en detrimento de la calidad gastronómica y nutricional del producto, ya que estos edulcorantes sustituyen a la fruta.
  • Yogures azucarados. El mejor consejo es optar por los yogures naturales, de modo que se pueda endulzar según el gusto particular. Este gesto permite reducir el azúcar que se añade de manera paulatina con el fin de educar al paladar hasta acostumbrarlo al sabor natural. Los yogures “edulcorados” o “sin azúcares añadidos” tienen un sabor más artificial, por lo que no se acostumbra al paladar a un gusto más natural.
  • Chocolates. En estos alimentos, como en el resto, los ingredientes aparecen en orden decreciente según la cantidad añadida. Los hay que llevan cacao en primer lugar (éstos serán, en principio, más naturales), mientras que en otros el azúcar es el primer ingrediente de la lista. También están los que sustituyen el azúcar por fructosa que, para conocimiento del consumidor, a efectos de calorías es lo mismo. Es por eso que la opción más saludable a la hora de escoger el chocolate es la de aquellos en los que el cacao ocupe el primer puesto, y no el azúcar o la fructosa.
  • Embutidos y fiambres. Un vistazo a la lista de ingredientes permite distinguir qué marcas son preferidas entre otras por incluir más cantidad de carne y menos grasa y aditivos. No obstante, el consumidor se puede llevar una sorpresa al leer con detenimiento los ingredientes y descubrir que distintos productos (mortadelas, chóped, salchichas) que compra llevan los mismos ingredientes. La diferencia radica en el orden en el que se han añadido y en el mayor o menor contenido en aditivos.
  • Patés de hígado de cerdo. En algunas marcas y variedades, el tocino es el ingrediente más abundante, y no el hígado, como cabría esperar. El hígado es un producto rico en colesterol pero con apenas grasa, mientras que el tocino, además de colesterol destaca por su contenido en grasa saturada. El perfil nutricional de los patés con más tocino es peor en tanto que proporcionan más calorías y más grasas, aun cuando son, en ambos casos, alimentos de consumo ocasional y prescindibles en una dieta cotidiana.

Lo más importante para mantener una dieta equilibrada sigue y seguirá siendo siempre controlar las proporciones de lo que comemos. Y por mucho que nos presenten un plato exquisito y sabemos que es igual de graso que bueno, lo importante es no privarse de nada, pero sí controlando las proporciones.

Y ¿cuánto podríamos decir que es una porción “razonable”? Numerosos especialistas han llegado a la conclusión de que, por ejemplo, la cantidad diaria máxima de pan de molde es de 1 rebanada diaria. De chocolate, una onza y de embutidos unos 40 o 50 gramos al día como máximo.

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