Un ecosistema auto suficiente en medio del desierto

Sahara-Forest-ProjectEn pleno desierto de Qatar, donde menos piensas que se pudieran cultivar alimentos de una manera sostenible, se está gestando una idea que podría parecer demasiado buena para ser verdad, un ecosistema auto suficiente en medio del desierto.

El Sahara Forest Project nació en 2009, inspirado en la Biomímesis, o el uso de nuevas tecnologías innovadoras para resolver aquellos problemas humanos que la naturaleza ha resuelto, mediante los modelos de sistemas (mecánica), procesos (química) y elementos que imitan o se inspiran en ella.

El proyecto Sahara Forest parte de dos recursos que en ese lugar son abundantes, el agua de mar y el calor del sol. A partir de ellos, el objetivo es tener energía y agua de riego suficiente para que cultivar alimentos sea una realidad en ese desierto. Partieron de una hectárea con la idea de comenzar la investigación, con plantaciones de cebada, pepino y rúcula.

Los resultados no han podido ser mejores, han conseguido 75 kg de producto por metro cuadrado en su primer año de producción, así que calculan que con 60 hectáreas podrán suministrar todas las verduras que actualmente importa Qatar.

La idea es sencilla a la vez que compleja, una planta de concentración solar (PCS), donde con el calor se genera vapor de agua que mueve unas turbinas y genera electricidad, les sirve para alimentar una bomba para que el agua de mar atraviese unos evaporadores y así enfríen y humidifiquen los invernaderos. El agua dulce evaporada sirve para el riego de los cultivos. Toda la energía necesaria para el funcionamiento del sistema se obtiene a través de la energía solar, por tanto 100 % renovable y limpia.

La sal sobrante del agua marina usada, que no puede volver a ser reutilizada, se lleva a unas salinas donde se extraen cloruro de sodio, yeso, carbonato de calcio… para ser comercializados.

El agua dulce que sobra en los invernaderos se reutiliza para regar las plantas colocadas en el exterior. El agua que no usan estas plantas, se filtra y genera humedad que con ayuda del viento, permite obtener un ambiente fresco que beneficia a las plantaciones.

Pero aquí no queda la cosa, el agua salada también se usa para cultivar algas, con las que se genera bioenergía, actualmente en fase de investigación.

Fruto del éxito del proyecto en Qatar, el próximo se implantará en Jordania, aprovechando el agua del Mar Rojo. En realidad, este tipo de instalaciones pueden ser viables en cualquier parte del mundo, el problema es que no todos los países tienen los medios suficientes para afrontar la inversión.

También se está pensando en la aplicación a gran escala comercial de esta tecnología, un proyecto «Oasis» de 4.000 hectáreas.

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